Vivir sin reflujo

Vivir sin reflujo: cómo cambia la calidad de vida tras un tratamiento eficaz

Si llevas mucho tiempo conviviendo con el reflujo notarás que tu vida empieza a estar lastrada por él. La hora de cenar, lo que eliges en un restaurante, la postura para dormir o incluso lo que haces después de comer. Son cambios que se incorporan poco a poco y que terminan pareciendo normales. De ahí que sea un verdadero alivio encontrar un tratamiento que te permita vivir sin reflujo. Encontrarlo supone un gran alivio y algo más que dejar de sentir ardor.

En nuestro centro es algo que vemos constantemente con quienes vienen a tratarse con nosotros.  Pacientes que vuelven a dormir bien, comen con menos preocupación y dejan de estar pendientes de cuándo aparecerá el siguiente episodio.

En StopReflujo tenemos pacientes que llevaban mucho tiempo conviviendo con estas limitaciones. Antes de plantear un tratamiento, estudiamos qué está provocando sus síntomas y qué posibilidades existen en su caso.

El reflujo puede condicionar más de lo que parece

Quien tiene síntomas ocasionales probablemente los considere una molestia menor. La situación cambia cuando aparecen varias veces por semana o prácticamente todos los días.

Algunos empiezan a cenar mucho antes porque saben que acostarse después de comer les sentará mal. Otras elevan el cabecero de la cama, duermen incorporadas o se despiertan durante la noche por la regurgitación y el ardor.

Otros directamente dejan de comer determinados alimentos. Al principio son dos o tres. Con los años, la lista puede hacerse bastante más larga.

Dormir una noche entera vuelve a ser importante

El reflujo nocturno es especialmente incómodo, es algo que nuestros pacientes nos cuentan la primera vez que vienen.

Al estar tumbado, el contenido gástrico puede ascender con mayor facilidad hacia el esófago. Algunas personas se despiertan con ardor, tos, sabor ácido en la boca o sensación de regurgitación.

Cuando esto se repite, el descanso acaba resintiéndose. Hay pacientes que incluso desarrollan sus propias estrategias: varias almohadas, dormir siempre sobre un lado o evitar acostarse hasta muchas horas después de cenar.

Si el tratamiento consigue controlar el reflujo gastroesofágico, poder acostarse sin pensar en estas precauciones puede convertirse en uno de los cambios que más se notan.

Comer sin estar anticipando las molestias

Una persona que ha tenido muchos episodios termina aprendiendo qué situaciones suelen preceder al ardor.

Puede empezar a evitar comidas copiosas, determinados alimentos, cenas fuera de casa o celebraciones en las que sabe que tendrá menos control sobre lo que come.

Modificar algunos hábitos puede formar parte del tratamiento y resultar beneficioso. El problema aparece cuando la alimentación empieza a organizarse alrededor del miedo a los síntomas.

Vivir sin reflujo permite reducir esa preocupación constante. Esto tampoco significa que después de un tratamiento haya que olvidarse de cualquier recomendación médica o alimentaria. Significa que comer puede dejar de estar asociado continuamente a la posibilidad de encontrarse mal unas horas después.

Dejar de pensar constantemente en la medicación

Los tratamientos farmacológicos consiguen controlar los síntomas en muchos pacientes y son una herramienta muy útil frente al reflujo.

Pero hay personas que llevan años dependiendo de la medicación para encontrarse bien. Si olvidan una dosis o intentan reducirla, vuelven a sentir ardor.

En estos casos es habitual que aparezca la pregunta de si tendrán que seguir tomando el tratamiento indefinidamente.

Cuando existe un problema en el mecanismo antirreflujo, puede estudiarse si hay otras alternativas. Entre ellas se encuentra RefluxStop®, un procedimiento dirigido a restaurar la función antirreflujo mediante la corrección de la posición de la unión entre el esófago y el estómago.

No todos los pacientes son candidatos. Antes hay que conocer bien el origen del problema y revisar las pruebas necesarias.

¿Se puede vivir sin reflujo después de años con síntomas?

En pacientes correctamente diagnosticados y tratados, es posible conseguir un control mantenido de la enfermedad y una mejoría considerable de los síntomas.

El resultado depende de muchos factores. Influyen el origen del reflujo, la anatomía del paciente, el estado del esófago y el tratamiento elegido. Por ese motivo, no sería razonable prometer el mismo resultado a todas las personas.

También conviene diferenciar entre tener algún episodio digestivo aislado a lo largo de la vida y volver a padecer la enfermedad de forma habitual. Una persona tratada puede experimentar alguna molestia ocasional sin que eso signifique que el tratamiento haya fracasado.

Recuperar actividades que se habían ido dejando

A veces los cambios aparecen en aspectos bastante cotidianos. Por ejemplo al volver a salir a cenar sin estar calculando a qué hora podrás acostarte. Hacer un viaje sin comprobar varias veces que llevas suficiente medicación. Tumbarte después de un día largo sin pensar inmediatamente en el ardor.

Para alguien que nunca ha padecido reflujo crónico pueden parecer detalles menores. Para quien lleva años pendiente de sus síntomas, tienen bastante importancia.

La mejoría de la calidad de vida se aprecia precisamente ahí: el reflujo deja de ocupar tanto espacio en la rutina.

Un buen resultado empieza por un diagnóstico correcto

Antes de hablar de cirugía o de cualquier tratamiento destinado a conseguir un control duradero, hay que confirmar qué está sucediendo.

Los síntomas compatibles con reflujo pueden aparecer por diferentes motivos. Además, dos pacientes con molestias parecidas pueden presentar situaciones anatómicas distintas.

El equipo de StopReflujo está dirigido por el Dr. Antonio Barrasa, especialista en cirugía digestiva. La valoración permite estudiar la historia del paciente, revisar las pruebas diagnósticas y decidir si conviene continuar con tratamiento médico o valorar otra alternativa.

Esta selección previa tiene mucho que ver con los resultados posteriores. El objetivo no consiste en operar a todo paciente que tenga acidez, sino en encontrar el tratamiento que corresponda a su situación.

Cuando el reflujo deja de organizar tu día

Después de convivir durante mucho tiempo con una enfermedad, uno puede olvidar hasta qué punto se había acostumbrado a ella.

Con el reflujo ocurre con frecuencia. Dormir incorporado, llevar siempre medicación o evitar una cena porque sabes cómo terminará la noche dejan de verse como limitaciones.

Conseguir vivir sin reflujo puede significar recuperar muchas de esas situaciones cotidianas sin estar anticipando las molestias.

Si llevas años con síntomas, dependes continuamente de la medicación o el reflujo sigue condicionando tu descanso y tus comidas, puedes solicitar una valoración a través del formulario de contacto de StopReflujo.

El primer paso será estudiar por qué aparece el reflujo y qué opciones de tratamiento tienen sentido en tu caso.